Por: María Victoria Fernández Caballero
Las crónicas de Narnia abarcan un conjunto de siete libros escrito por C.S. Lewis entre 1950 y 1954. La heptalogía cuenta la historia de Narnia, un mágico lugar donde todo es posible y el tiempo no pasa de la misma manera que en nuestro mundo. Son libros de fantasía, donde la imaginación se desarrolla en todo su esplendor.
Todo comenzó cuando unos niños, Digory y Polly, víctimas de un profesor que juega con magia, viajan a través de los mundos con unos anillos mágicos. Ellos contemplan la creación de Narnia, un país tranquilo donde existen animales parlantes e inteligentes. Su creador, Aslan, es un león, el león más grande y majestuoso que se pueda imaginar. Así, el ser humano juega un papel importante en este mundo, donde los primeros reyes fueron humanos y muchos de los posteriores también.
Precisamente con las visitas que hacen humanos a este mundo es cuando se desarrollan todas las historias. La primera en llegar es Lucy, la menor de cuatro hermanos, que al principio la toman por loca cuando les cuenta que ha ido a otro mundo a través de un armario. Sin embargo, los cuatro acabarán viajando allí y liberarán Narnia del hechizo de la Bruja Blanca, que mantenía un invierno perpetuo. Gracias a su hazaña, los hermanos se convierten en los reyes y mantendrán el país tranquilo durante muchos años, hasta que deban volver a su mundo, donde habrá pasado menos de un minuto. Sin embargo, todos volverán de nuevo al año siguiente para volver a librar a su país de los males como hicieron durante el reinado.
Siendo reyes los hermanos, ocurre otra de las historias, en la que Shasta, abandonado al nacer, acaba reencontrándose con su padre, rey de Archeland. Tiene un hermano, veinte minutos menor que él, y al final acabará convirtiéndose en rey, como le corresponde. En todo momento está presente Aslan, que siempre va a favor de lo que es justo.
Un tiempo después, dos de los hermanos, Lucy y Edmund, regresan a Narnia tras ser absorbidos por un cuadro de un barco junto con su primo Eustace. Viven toda una aventura de exploración de los mares de Narnia, hasta llegar, incluso, al final del mundo y el país de Aslan. En este viaje el que más aprende es Eustace, un niño con poca imaginación y muy arrogante, que al final acaba siendo hasta bondadoso. Es él, quien tiempo después vuelve a ir a este mundo, pero con una compañera de clase, Jill. Son ellos quienes liberan a un príncipe de un hechizo que lo retenía en las profundidades. Ambos aprenden a creer en Aslan y a valerse mucho más por sí mismo a pesar de su corta edad.
Todos los que salvaron Narnia alguna vez lo hacen de nuevo, pero juntos, enviados allí desde un tren por arte de magia, para ver su final. En el último libro, se narra la historia donde todos deberán enfrentarse a un falso Aslan, guiado por un astuto mono que finalmente perderá su poder para ser manejado por otros. Todo ocurre simplemente por interés, interés de invadir Narnia y de acabar con ella. Eso es lo que siempre han querido los habitantes de Calormen. Entre todos, consiguen mostrar a algunas bestias parlantes que las apariencias engañan y consiguen reafirmar su lealtad a Aslan. Los que pierden la lealtad perderá su inteligencia y el resto pasará a la verdadera Narnia, porque resulta que la que ellos veían era solo como el reflejo de un espejo, no era real. Allí, se reencuentran con todos sus amigos, hasta los que creían muertos, y pueden acceder a los mundos que quieran, a los reales, y es que esa paz que les proporciona la nueva Narnia, lo que significa es que cuando pretendían llegar a ella, no hubo un hechizo especial en el tren, si no que éste descarriló y ahora están en el mundo de las Sombras, muertos. Ahora es cuando empieza su vida real y feliz.
Pienso que esta crónica ayuda a abrir la mente del lector, porque es difícil imaginar la existencia de otro mundo al completo, que no tiene nada que ver con el nuestro. El libro enseña a cambiar el término imposible por la pregunta ¿y por qué no? Esto da confianza en uno mismo, confianza que reflejan los personajes en todas sus hazañas, sean niños o adultos. Creo que es una lección que todos deberíamos aprender, de forma que quizá no perderíamos muchos trenes que pasan por nuestra vida simplemente por el miedo al fracaso. ¿Acaso tuvo miedo Lucy cuando llego a Narnia la primera vez? No, y eso que era un mundo desconocido. Es también algo que los adultos pueden aprender de los niños, el hecho de no tener miedo y creer en lo imposible
Blog dedicado a la literatura en el que se analizarán y comentarán obras por parte de los alumnos de 1° de bachillerato del IES Los Cantos.
jueves, 19 de marzo de 2015
miércoles, 11 de marzo de 2015
Cómo enloquecer "por amor al arte"
Por: Rafael Fernández Jiménez. 1ºAC
La
muerte en Venecia una novela publicada en 1912 por el escritor alemán
Thomas Mann, premio Nobel de Literatura en 1929. En esta se narra el amor platónico
del aclamado escritor Aschenbach por un joven polaco llamado Tadzio en su estancia
en la Venecia de principios del siglo XX, infectada por la peste.
En
primer lugar, me gustaría comentar el escenario de la acción: Venecia. La
Venecia descrita por Thomas Mann no es la típica que imaginamos cuando oímos
tal nombre. No es aquella Venecia cuna del Renacimiento y del Humanismo,
aquella Venecia que sirvió y sirve de inspiración para grandes artistas,
aquella del “Crepúsculo en Venecia” de Claude Monet, o aquella de los maravillosos
cuadros de Canaletto. La Venecia de esta obra está sumida en una terrible
epidemia de cólera. Una Venecia antagonista a la que todos conocemos. Oscura,
sombría y desesperada como fruto del mal, que, pese a los intentos del gobierno
italiano por ocultarlo. para evitar perder ganancias con motivo del turismo, es
un secreto a voces. Esta Venecia para nada convencional podría ser una metáfora
de la situación personal del escritor Aschenbach, protagonista de la novela, o
de la situación de la Europa de la época, una Europa decaída y enemistada en la
que tendría lugar poco después la Gran Guerra.
Este
texto, aunque en apariencia sea en el sentido argumental muy simple
(básicamente es un escritor anciano que se enamora “a lo griego” de un joven
polaco), por su belleza descriptiva y la profundidad de sus reflexiones acerca
de lo bello, así como el desarrollo de la psicología del protagonista (ese “drama”
por el amor platónico del cual es preso, hasta llevarlo a la locura), es un
libro adictivo y del que no creo que se pueda renegar una vez leído.
El
escritor Aschenbach, falto de inspiración, decide ir una temporada a Venecia en
busca de esta. Pero este viaje marca un punto de inflexión en el escritor tras contemplar
por primera vez al joven Tadzio, del que queda totalmente enamorado. A partir
de aquí la vida y los pensamientos del célebre escritor se resumen en Tadzio.
No podrá parar de observarlo (aunque ello conlleve perseguirle por toda
Venecia) ni de pensar en él.
Este,
en su delirio personal, comparará su amor por Tadzio con Sócrates y Fedro. El
amor griego “ideal” se caracterizaba por ser homosexual y “pederasta”. Y lo de “pederasta”
no es en el sentido estricto de la palabra, ya que se consideraba una relación
maestro-discípulo, un viejo sabio y un joven que aprende de él. Este tipo de
amor se representa en cierto modo en las figuras de Aschenbach y Tadzio. Además
de esto, en la muerte en Venecia se
puede apreciar un gusto por la mitología clásica, por lo que viene bien saber
algo de este tema a la hora de afrontar esta obra, o bien tener una buena enciclopedia
al lado. Una de las más claras metáforas es la de Caronte, el barquero que
llevaba las almas de los muertos de un lado a otro del lago. Este se ve
representado bajo la forma del gondolero que transporta por las lagunas
venecianas al escritor. Igual que Caronte lleva las almas de los muertos, el
gondolero lleva a Aschenbach por la Venecia de la que no saldrá con vida. Otras
referencias a la cultura clásica son la de Eros, dios del amor y el sexo, que aparece
en cierto modo en el protagonista bajo la forma de su amor alocado por la
belleza pura, representada por Tadzio. Tampoco debemos olvidar a Narciso, aquel
joven tan bello que se idolatraba a sí mismo, obviamente encarnado en Tadzio cuando
este sonríe tras pasar mirando a Aschenbach, o a Jacinto y la disputa amorosa por
él entre Apolo y Céfiro. Existen más que no comentaré por no extenderme
demasiado o porque escapan a mi conocimiento.
Aschenbah
irá enamorándose cada vez más del joven eslavo, un grado de amor directamente
proporcional a la locura que se cierne sobre él. Una locura que le llevará a
perseguirlo continuamente, hasta el punto de aun sabiendo que Venecia estaba
infectada, querer quedarse aunque ello le costase la vida. En un una de sus
persecuciones por Venecia, acabará delirando y perdiendo el conocimiento, no
sin antes dejarnos con un maravilloso diálogo entre Sócrates y Fedro. Pocos
días después morirá tras saber que su amado partirá ese mismo día. Y morirá, de
mejor forma, observando a su “amigo” Tadzio.
Aschenbah
encarna el cómo enloquecer por el arte. Seguro que muchos (entre los que me
incluyo) hemos “perdido la cabeza” en cierto modo al escuchar grandes obras
musicales, leer grandes libros o visualizar bellos cuadros. Y no me refiero a
enloquecer como Aschenbach, él es un caso extremo, pero por ejemplo no puedo
evitar quedar absorto al escuchar una sinfonía de Dvořák o al observar las pinturas negras de Goya. Eso es en cierto modo enloquecer, sucumbir
ante los encantos de la belleza, intentar descifrarla, olvidar todo lo demás
por un momento e intentar disfrutar dçy deleitarse ante las genialidades
artísticas, ya sea hecha de la mano del hombre o por la naturaleza. Pero eso
sí, que no nos pase como a Aschenbah, cuyo afán por la belleza del joven Tadzio
le llevó a la total locura y a la muerte.
Muerte en Venecia es una magnífica obra
para comenzar con la bibliografía de
Thomas Mann (como es mi caso) y que llevará al lector a interesarse por otras
obras del autor, como lo son la montaña
mágica o doctor Fausto, e
incluso, por su abundancia de referencias mitológicas, por otras obras ajenas a
Mann como pueden ser la Odisea. Y
también me queda decir que está bien que seamos Aschenbach por unos momentos,
que es maravilloso poder disfrutar del arte y “enloquecer” por él, pero que
esta locura sea esporádica y que no nos lleve al fatal destino del
protagonista.
Y por último, simplemente me gustaría terminar comentando que existe una película homónima basada en esta obra dirigida por Luchino Visconti, acompañada por una maravillosa banda sonora en la que suele aparecer el Adagietto de la quinta sinfonía de Mahler, el cual podría ser un ejemplo de lo dicho anteriormente, una de aquellas melodías que hacen que uno se convierta en Aschenbach por unos momentos y olvide todo lo demás, disfrutando del fluir de los armoniosos compases del compositor austro-húngaro.
El misterio de la cripta embrujada
Por: Esther Gómez Rodríguez. 1°BH
Eduardo Mendoza nació en Barcelona el 11 de Enero de 1943. Es un escritor español, cuyo estilo narrativo es sencillo y directo. Residió en Nueva York de 1973 a 1982. Entre sus obras más conocidas destacan: La verdad sobre el paso de Sabolta y Riña de Gatos.
En mi opinión, este libro no me ha gustado mucho. Quizás sea porque me esperaba un libro de investigación policíaca o porque no estoy muy acostumbrada a leer libros de este talante; pero el caso es que el autor no ha conseguido deleitarme con esta lectura. A lo largo de la obra solo ha habido una vez en la que he tenido el gusanillo de saber qué pasará después de uno de los hechos del libro, mientras que con otras lecturas, la curiosidad ha sido constante, de principio a fin, y conforme iba avanzando me iba creando la necesidad de saber cuál sería el preciado final; consiguiendo así, que el libro prácticamente me lo acabara en un abrir y cerrar de ojos.
Según tengo entendido, la obra se desarrolla en una farsa burlesca y por eso, el protagonista es un personaje cómico salido del manicomio que con sus hazañas y ocurrencias hacen que el lector, a lo largo de la novela, se vea entre numerosas carcajadas; pero a mí no me ha ocurrido lo mismo. Me ha parecido un personaje irreal, patético, maloliente e incluso algo salido; con lo cual no le he encontrado la gracia al libro por ningún lado.
También me gustaría hablar del desarrollo de la obra, ya que lo que es en sí la historia (el misterio de por qué desaparecen unas niñas del convento) y en cómo se ha desarrollado la historia para averiguar el enigma de este extraño suceso, para mí ha sido tan poco original y tan extraños los sucesos que a lo largo de la lectura me ha provocado que me aburra y que me desanime de tal manera que ha hecho que el libro se me haya convertido en una especie de amasijo difícil de digerir.
No obstante, también tengo la necesidad de añadir que para mí el lenguaje sobre todo de los primeros capítulos (cuando al personaje principal le encargan el papel de “detective”) me ha parecido difícil y en más de una ocasión he tenido que releerme los párrafos para entender qué quería decir el autor.
Como he dicho antes (pidiendo disculpas si ofendo a los que les parece una obra maravillosa), quizás el motivo de que no me haya gustado el libro haya sido que no estoy acostumbrada a historias de este tipo y por eso se me ha hecho una obra tan pesada de leer y tan poco entretenida
Eduardo Mendoza nació en Barcelona el 11 de Enero de 1943. Es un escritor español, cuyo estilo narrativo es sencillo y directo. Residió en Nueva York de 1973 a 1982. Entre sus obras más conocidas destacan: La verdad sobre el paso de Sabolta y Riña de Gatos.
En mi opinión, este libro no me ha gustado mucho. Quizás sea porque me esperaba un libro de investigación policíaca o porque no estoy muy acostumbrada a leer libros de este talante; pero el caso es que el autor no ha conseguido deleitarme con esta lectura. A lo largo de la obra solo ha habido una vez en la que he tenido el gusanillo de saber qué pasará después de uno de los hechos del libro, mientras que con otras lecturas, la curiosidad ha sido constante, de principio a fin, y conforme iba avanzando me iba creando la necesidad de saber cuál sería el preciado final; consiguiendo así, que el libro prácticamente me lo acabara en un abrir y cerrar de ojos.
Según tengo entendido, la obra se desarrolla en una farsa burlesca y por eso, el protagonista es un personaje cómico salido del manicomio que con sus hazañas y ocurrencias hacen que el lector, a lo largo de la novela, se vea entre numerosas carcajadas; pero a mí no me ha ocurrido lo mismo. Me ha parecido un personaje irreal, patético, maloliente e incluso algo salido; con lo cual no le he encontrado la gracia al libro por ningún lado.
También me gustaría hablar del desarrollo de la obra, ya que lo que es en sí la historia (el misterio de por qué desaparecen unas niñas del convento) y en cómo se ha desarrollado la historia para averiguar el enigma de este extraño suceso, para mí ha sido tan poco original y tan extraños los sucesos que a lo largo de la lectura me ha provocado que me aburra y que me desanime de tal manera que ha hecho que el libro se me haya convertido en una especie de amasijo difícil de digerir.
No obstante, también tengo la necesidad de añadir que para mí el lenguaje sobre todo de los primeros capítulos (cuando al personaje principal le encargan el papel de “detective”) me ha parecido difícil y en más de una ocasión he tenido que releerme los párrafos para entender qué quería decir el autor.
Como he dicho antes (pidiendo disculpas si ofendo a los que les parece una obra maravillosa), quizás el motivo de que no me haya gustado el libro haya sido que no estoy acostumbrada a historias de este tipo y por eso se me ha hecho una obra tan pesada de leer y tan poco entretenida
lunes, 16 de febrero de 2015
Testigos de un espectáculo de agitación sin consistencia
Por: Rafael Fernández Jiménez. 1ºAC
La metamorfosis es una fábula o novela
corta publicada a principios del siglo XX por el escritor austro-húngaro Franz
Kafka, en la que narra como un destacado comerciante llamado Gregorio Samsa se
despierta convertido en un monstruoso insecto y sufre el abandono de su
familia, que no sabe si es su propio hijo o si no merece siquiera esa
calificación.
Esta fábula, pese a su
brevedad (apenas llega a las cien páginas) y pese a que su argumento parezca
bastante simple y “absurdo”, es un texto que podría tener numerosas
interpretaciones (de las cuales muchas escaparán de mi conciencia). Pero
pienso, que la más clara y visible es la de una triste, y a la vez verdadera
alegoría sobre cuán dócil es la condición humana.
Y
en efecto, nuestro protagonista, Gregorio Samsa, es un respetado comerciante
que trabaja noche y sol para mantener a sus padres y a su hermana. Apenas tiene
tiempo para sí mismo, y además, para darnos cuenta del carácter bondadoso del
protagonista, trabaja con la ilusión de poder mandar algún día a su hermana a
estudiar violín al Conservatorio, su sueño desde pequeña.
Pero
el bienestar de los Samsa se ve turbado cuando Gregorio “encontróse una mañana, tras un sueño intranquilo, convertido en un
monstruoso insecto”. Y aquí comienza el drama de la incomunicación, nadie
sabe qué le pasa, y él no puede darse a entender, pese a que él si pueda
entender a los demás. Increíble la sorpresa que se llevan sus familiares, por
no hablar de su jefe, que se marcha enfadado. Y lo peor de todo, es que la primera
intención de Gregorio Samsa era coger el tren e ir a trabajar con la intención
de seguir manteniendo a su familia, ¡a pesar de su abominable estado!
Tras
este infausto acontecimiento, el caos se desata en el hogar. Sin la disponibilidad
del cabeza de familia, se verán obligados a mantener la comida en el plato de
otra forma. La hermana, en un acto de “heroísmo”, decide encargarse de las
necesidades de Gregorio. Pero, aunque esta, en principio, lo hiciese con un
carácter solidario, no tardará en descuidar su atención.
Gregorio
está completamente solo, aislado, hasta el punto de dudar de su condición
humana, no sabe qué es realmente. Su padre, en un arrebato de furia, a punto
estuvo de matarlo; y él, en un último intento por demostrar que verdaderamente
seguía siendo Gregorio Samsa, intentará acercarse a su hermana y decirle que él
no quería haberse convertido en tal monstruo, que lo sentía y que su ilusión
era poder mandarla al Conservatorio. Pero causó el terror en la familia y en
los huéspedes que alquilaron una habitación. Y es la misma hermana la que
decide que hay que deshacerse de él. Aunque no tuvieron que complicarse la vida
para ello, ya que esa misma mañana, Gregorio aparece muerto en su habitación,
ya sea por causas naturales, desnutrición o soledad; siendo lo más cruel la
indiferencia que muestran sus “familiares”.
La metamorfosis es una alegoría de la
mezquindad y ruindad humanas, de la insolidaridad y la conveniencia, la
desesperación por la soledad y la incompresión…
Todos
en la familia, menos Gregorio, vivían muy bien. El padre estaba retirado,
tenían una asistenta para las labores de la casa, y la hermana no conocía otro
oficio que tocar el violín. ¿Y Gregorio qué? Trabajar. En eso se resumía su vida. Trabajar para el bienestar de
su “queridísima” familia. Pobre iluso…
él no era un hijo, ¡era un esclavo! ¡Un esclavo de aquella familia a la que no
le temblará el pulso a la hora de dejarle morir tras tu desgraciada transformación!
¡Aquel padre por el que se partía el espinazo no dudará en tirarle una manzana
con la que casi le mata! ¡Aquella hermana por la que luchaba para que cumpliese
su sueño no dudará en dejarle morir! ¡Aquella familia por la que Gregorio daba
su vida, no mostrará ningún signo de duelo tras su muerte! ¿Y todo esto por qué?
La
respuesta es sencilla: solo nos importa
nuestro propio bienestar. A la familia Samsa le daba igual que Gregorio
mantuviese él solo el peso económico de la casa, una vez que no fuese útil
dejaría de interesarles. Este pensamiento calculador del que Kafka ya se hacía
eco a principios del siglo XX es uno de los principales males y peligros de
nuestra sociedad. Vemos al prójimo como un “medio” para alcanzar ciertos
objetivos, no como un fin en sí mismo, ya que son seres humanos.
¿Existen
hoy día los sentimientos? ¿Podemos confiar en alguien? ¿Quizás lo mejor sea
levantar un “muro” que nos proteja del exterior, un muro bien alto, que nos
impida ver la niebla que se ciñe sobre todo el planeta? No lo creo, no es bueno
acabar convertidos en lobos esteparios. Pero claro, ¿qué es lo mejor? No lo sé.
Gregorio
es la metáfora de aquel ser diferente, “raro”, al que nos da miedo mostrar.
Aquel familiar con algún tipo de minusvalía al que no queremos sacar ni a la
calle, aquellos padres que lo dan todo por sus hijos, y luego son metidos de
cabeza en un asilo por ellos, aquel compañero de clase que nos pasa ingenuamente
los ejercicios de matemáticas, pero con el que nos hacemos los locos cuando él
nos pide algo; aquel chico que se sienta al fondo de la clase y con el que
nadie quiere relacionarse porque le gusta el manga y la cultura japonesa…
Pero
algún día, ya sea dentro de siete años o ya sea mañana, podemos ser nosotros
los que nos veamos convertidos en monstruosos insectos, y entonces el tormento
del remordimiento se tornará sobre nuestra conciencia y sobre nuestras numerosas patas, ofreciendo a
nuestros ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.
Pienso que la metamorfosis es un buen relato con el
que empezar la obra de Franz Kafka, como es mi caso (deseando estoy de leer El proceso) y que debemos medir bien nuestros actos. Quizás mañana sea cuando
la hermana violinista o el padre se vean convertidos en alguna especie de bicho
antinatural y sufran el mismo tormento de soledad, la misma niebla de incomunicación
que sufrió Gregorio… Aunque pensándolo bien, quizás ya seamos insectos, ruines
insectos, y la antiestética forma que adoptó Gregorio no sea nada comparado con
lo que realmente somos nosotros…
lunes, 9 de febrero de 2015
El misterio, el deseo, las mujeres y la muerte
Por: Aurelia Collados Ros. 1°AC
Las vírgenes suicidas es una novela que fue escrita por el estadounidense Jeffrey Eugenides a finales del siglo pasado. En esta, el autor nos cuenta la historia de las hermanas Lisbon desde la perspectiva de un grupo de amigos obsesionados con ellas desde su niñez, que pasados los años cuentan lo acontecido en los días anteriores a los suicidios de estas a través de pruebas, hechos y testimonios recopilados a lo largo del tiempo y con el fin de entender el comportamiento y las causas por las que se suicidaron.
Una tras otra, y en un plazo de poco más de una año, las hermanas Lisbon acabaron con su propia vida. Fue Cecilia la que inauguró la cadena de suicidios, y unos meses después, pasado justo un año desde que Cecilia había intentado cortarse las venas, fueron tres de las cuatro restantes: Lux, Bonnie y Therese las que abandonaron el mundo de los vivos. También lo intentó Mary pero fracasó y un mes después pudo por fin reunirse con sus hermanas.
Eugenides nos hace partícipes del relato utilizando la primera persona del plural, al tiempo que nos muestra la vida de un ordinario y pequeño pueblo americano, mediante una especie de informe redactado por un grupo de amigos, conocidos y vecinos de los Lisbon y a través de las habladurías, los rumores y los recuerdos del vecindario. Además, el no saber nada de los pensamientos y sentimientos de las protagonistas me ha hecho dudar al final del libro entre si la historia ocurrió de verdad o se trataba de una simple leyenda pueblerina, pues en ocasiones da la sensación de que los narradores exageran los hechos.
Las Lisbon se nos presentan como unas jóvenes bastante ‘’raras’’ al tiempo que atractivas pues llaman la atención de todos los chicos que quedan cautivados y obsesionados con ellas. El ambiente en el que viven es un tanto extraño, encarceladas en casa por una madre estricta e incomprensiva y un padre que tal vez abrumado por la femineidad que reina en su hogar se aísla y despreocupa de los problemas familiares.
Se me hace difícil imaginar cómo unas chicas de esa edad pueden llegar a suicidarse, pero supongo que cuando uno no es feliz en la vida y no puede hacer nada para serlo, la única solución sea descubrir qué hay tras la muerte. No le veo el sentido a buscar causas generales del suicidio (el libro menciona a una psicóloga que trata a las Lisbon tras la muerte de Cecilia y varios artículos sobre el suicidio en adolescentes) pues lo considero personal y privado y como bien decía Benedetti, cada suicida sabe dónde le aprieta la incertidumbre. Desde que nacemos vemos la muerte como una tragedia, una injusticia, pues así nos lo transmiten, pero no deberíamos tener ese concepto de muerte pues al fin y al cabo estamos destinados a ella y nadie sabe lo que esconde. Miles son las preguntas retóricas sobre este tema estrechamente relacionado con el suicidio. Cuando un joven como las hermanas Lisbon se suicida todos piensan al igual que los personajes del relato que han arruinado su vida, que les ha sido muy corta, etc. Pero, ¿Y si es mejor la muerte que la vida? ¿Y si después nos depara un mundo mejor, igual o peor al que es preferible llegar antes?
Solo para locos
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| "Erase un hombre, de nombre Harry, llamado el lobo estepario" |
Der Steppenwolf o, en español: el lobo estepario es una novela escrita por el autor alemán Hermann
Hesse publicada en 1927. Esta obra se
desarrolla a partir de una serie de manuscritos en los que el protagonista,
Harry Haller (una especie de alter-ego
de Hermann Hesse), un hombre culto, talentoso e inteligente; narra su vida,
caracterizada por una profunda depresión y misantropía, un odio sin límites al
orden social burgués de la época; hasta que conoce a una misteriosa chica llamada
Armanda, que intentará enseñarle a amar las pequeñas cosas de la vida y a
“matar” al “lobo estepario” que encierra en su interior.
Comentar esta obra es tarea difícil debido a su
abundancia de metáforas y alegorías sobre la vida, sobre todo al final de la
obra, en el llamado “Teatro Mágico”(sí, de ahí viene el título del blog), en el que no se distingue entre fantasía y
realidad.
En primer lugar, me gustaría comenzar hablando un poco
acerca del protagonista. Harry Haller: el
lobo estepario (como el mismo se autodefine), es un hombre que ama por
encima de todo la cultura y la filosofía y que detesta la “degradación” de esta
en la sociedad actual. Odia la literatura de sus contemporáneos como a la
música de jazz, asimismo como a la
sociedad actual, superficial, cómoda y deshumanizada. Vive aislado del mundo, y
sus únicos y escasos momentos de felicidad se reducen al leer sus autores
literarios favoritos (Goethe, Dostoievski…) o al escuchar a sus compositores
favoritos, en especial Mozart. Su náusea constante hacia el mundo le lleva a comportamientos
suicidas. Y para colmo, en uno de sus paseos nocturnos encuentra una especie de
folleto llamado Tractac del lobo estepario: no para cualquiera, un texto de gran dificultad (el que
tuve que leer dos veces para comprenderlo) en el que habla acerca de él mismo,
de su psicología y filosofía (no entraré en detalles, se podrían escribir
varias hojas solo del Tractac)
Y es que, en
cierto modo, me he sentido identificado con la forma de pensar del protagonista
(con la forma de pensar, no de
vivir). Y por ello voy a salir en su
defensa, le entiendo perfectamente. Yo, como amante de la música clásica,
quizás futuro estudiante de dirección de orquesta y admirador de los grandes
maestros pasados, Wagner, Mahler, Bach, Tchaikovisky… (podría estar horas
mencionando autores), no puedo evitar, sentirme terriblemente frustrado por el
poco valor que la sociedad actual les da, considerándola “aburrida” y “para
viejos”, prefiriendo los temas que suenan actualmente en la radio, música cada
vez más simple armónicamente, falta de riqueza melódica y con un sentido lírico
que roza lo patético (existen excepciones, claro está), y, considerándoseme a
mí un aburrido que “no está en la onda”. Prácticamente nadie entiende mi goce
personal al escuchar cosas tan excelsas tales como Tännhauser, la octava
sinfonía de Mahler o las variaciones
de Goldberg de Bach, llegándoseme a considerar un “tarado mental” o un
“friqui”. En esos momentos no me puedo
sentir más identificado con el lobo estepario que nunca. ¿Acaso la
repulsión que sentía Haller hacia el jazz
(nota: yo no tengo nada en contra del jazz)
y la música de baile de la época no es la misma que siento yo hacia la música
comercial actual?
![]() |
| Harry encuentra en sí un hombre lleno de ideas, de sentimientos, de naturaleza dominada y sublimada; y a la vez encuentra al lado al lobo, un mundo sombrío de instintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada, fiera, caótica". |
Pero
el odio de Haller a la sociedad llega a
tal extremo que siente deseos de suicidarse. Y cuando parece haber sucumbido
ante este, aparece Armanda y le saca del infierno en el que se hallaba sumido.
Con Armanda, este lobo estepario aprende (o mejor dicho, intentará aprender) a
reírse, a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, a disfrutar de los goces
terrenales y simples de la sociedad. Armanda intenta enseñarle que, aunque no
vaya a disfrutar más que escuchando o leyendo a los clásicos, se lo puede pasar
bien dejando a un lado lo espiritual y dejándose llevar por el mero disfrute
del momento. Resumiendo: aprender a reír.
Tras
conocer a Armanda, conocerá a Pablo, un saxofonista de la orquesta de jazz que es la encarnación de ese modelo
de hombre que, por así decirlo “vive la vida”. Y este le llevará a su Teatro Mágico, lugar en el que la novela
se vuelve surrealista. En este extraño sitio, Haller entrará en cinco puertas
con diferentes situaciones dentro de cada una, cinco alegorías sobre su vida.
Reflexiones sobre el futuro del mundo, la guerra, y la “individualización” del
“yo” estarán a la orden del día en el Teatro
Mágico. ¡Incluso aparecerá Mozart en persona! Lástima que nuestro
entrañable lobo estepario no aprendiese nada… porque acaba asesinando
terriblemente a su amada Armanda al vrerla desnuda con Pablo. Y no aprendió nada
porque, conforme a las enseñanzas de ella y a las reflexiones que irá soltando
el músico del período clasicista, no había aprendido a reír. Lo que tendría que
haber hecho es simplemente reírse de sus propios celos. “Temías perderla y la has
asesinado” Tajante Mozart con
estas palabras. Sin embargo, Haller no
se rinde, y promete a Pablo y a Mozart que aprenderá a jugar al juego de la vida.
| La soledad era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas" |
Independientemente
de otras reflexiones que se pueden sacar de esta obra y que no comentaré por no
alargar aún más el comentario, el mensaje principal de el lobo
estepario se podría resumir con esta sentencia de Mozart: “Toma
en serio lo que es digno, y ríete de lo demás”. En cierto modo,
disfrutar con los grandes clásicos musicales y literarios pero al mismo tiempo
disfrutar de los pequeños vicios burgueses. Y esta cuestión llevará a uno a
reflexionar cuestiones tales como: ¿Vivir
una vida vacía, superficial, carente de objetivos como un borrego pero “cómoda”
y fácil dentro del rebaño social, o llevar una vida profunda y auténtica pero
acabar caídos en la soledad y el desengaño personal? Sinceramente, mi más
humilde opinión, es que no debemos acabar como nuestro entrañable lobo
estepario, la sociedad en la que vivimos, nos guste o no, es la que nos ha
tocado, y eso no lo vamos a poder cambiar. Sin embargo, no estoy del todo de
acuerdo con el ideal que pretende transmitir Hesse con esta novela. Vale, la
sociedad en la que vivimos, nos guste o no, es la que nos ha tocado, y hemos de
vivir en ella lo mejor posible, no debemos convertirnos en lobos esteparios.
Pero sin embargo, a mí por lo menos me resulta imposible tomarme la vida con
tanto humorismo como Armanda, porque
no puedo concebir una sociedad deshumanizadora, falta de objetivos y que no
sabe apreciar una gran obra musical o literaria, una sociedad a la que le
resulta indiferente todas las guerras, el problema del fundamentalismo islámico
y demás. Me resulta imposible hacer uso de ese autoefecto placebo que
proponen Armanda y Pablo. Con esto no quiero decir que tengamos que
convertirnos en Harry Haller ni mucho menos, está claro que hay que tomarse la vida con humorismo.
Pero lo que quiero decir, es que este humorismo no nos lleve a
convertirnos en borregos, debemos de intentar, en la medida en la que a
uno le sea posible criticar los males de la sociedad e intentar iluminar aunque
sea unas pocas conciencias. Quizás solo así se pueda construir una sociedad
menos deshumanizadora en un futuro y que sepa apreciar aquellas cosas que hoy
considera solo para locos.
El lobo estepario me ha parecido un muy
buen texto que puede hacernos reflexionar sobre cuestiones ya habladas aquí y
otras más, pero, sin embargo, por ser en ocasiones demasiado “deprimente” y con
partes difíciles de interpretar, si tuviese que recomendar un libro de Hesse,
recomendaría antes Demian, es mucho
más entrañable y bello a mi parecer.
Y para terminar, os dejo un breve fragmento de la película homónima basada (obviamente) en esta novela. Este corresponde al Tractac del lobo estepario: No para cualquiera.
Y para terminar, os dejo un breve fragmento de la película homónima basada (obviamente) en esta novela. Este corresponde al Tractac del lobo estepario: No para cualquiera.
¿Cuántos ciegos hacen falta para hacer una ceguera?
Por: Rafael Fernández Jiménez
Ensayo sobre la ceguera es
una novela escrita por el portugués José Saramago en la que una extraña
epidemia azota a todo un país, una especie de “ceguera blanca” que se extiende
rápidamente por toda la población, causando el caos en esta y llevándola a una
desenfrenada lucha por la supervivencia, en la que los protagonistas se dejarán
llevar por sus más bajos instintos.
En
primer lugar, quisiera decir (y aunque a más de uno le entren ganas de mandarme
al infierno por esto) que me parece un título sobrevalorado. Y no, no lo criticaré por criterios estilísticos tales
como eliminar los signos de interrogación o puntos y comas, por no separar los
diálogos de los personajes o porque los personajes no tengan nombre. Lo
criticaré simple y llanamente porque me pareció un tostón. Vale que la idea del
libro esté bien, vale que el lector pueda sacar conclusiones interesantes del
argumento; pero su prosa densa y llena de cultismos innecesarios hace la
lectura un tanto pedante y tediosa. Es la primera obra de Saramago que leo, así
que tampoco puedo hablar con mucho conocimiento; pero en fin, diría que Ensayo sobre la ceguera es uno de
aquellos libros que muchos engrandecen, pero que la mitad no lo han leído. De
aquellos que da mucho gusto y regocijo tener en nuestras estanterías, pero que
muy pocos tendrían la osadía de leer entero.
Me
vendieron a Saramago como un agitador de conciencias. No sé qué conciencias se
podrían agitar si (al menos en lo que refiere a mi experiencia personal)
terminas el libro por mero orgullo personal y no para disfrute propio.
¡Deseando estaba de acabarlo! Vale, sí, se puede reflexionar acerca de cómo el
miedo transforma al ser humano. Se puede sentir desprecio por como el Estado
encierra a los primeros ciegos afectados por la epidemia en un manicomio,
puédase sentir desprecio por los cobardes soldados que disparan al ciego herido
solo por pedir ayuda, desprecio por todo el ser humano en general que, tras
verse amenazados ante una desoladora tragedia como el brote de ceguera, no
dudará en echarse al más puro sentimiento individualista e insolidario que
tiene ciertos símiles en la sociedad actual. Y por supuesto, uno no puede
evitar conmoverse con los actos de bondad de una mujer con el niño estrábico
que echa de menos a su madre, o con los actos de valentía de la esposa del
médico (la única mujer vidente en el manicomio), como se enfrenta a la banda de violadores y como consigue comida
para todos los ciegos una vez fuera del manicomio, estando la ciudad en un
completo caos. Y claro, al ver estas acciones valerosas y en cierto modo
“altruistas” (ya que la mujer del médico podría vivir perfectamente ella sola
ya que aún posee la capacidad de ver, no
tiene por qué ayudar a una pandilla de ciegos desamparados), nos damos cuenta
de que el mundo no necesita grandes héroes al más puro estilo del cine
americano, si no pequeñas heroínas como esta mujer, que ayuda a su prójimo en
la medida en la que es posible; y que si todos fuésemos un poco como esta, el
mundo podría ser un poquito mejor. Y efectivamente, la sociedad actual se
parece un poco a la que describe Saramago, una sociedad sin escrúpulos en la
que ha aflorado el más puro sentimiento individualista, vemos a nuestro
semejante como un mero medio para conseguir nuestros fines personales y no como
una persona como nosotros a la que podemos aportar algo y ella también a
nosotros. Van desapareciendo los principios éticos y morales y aquella persona
que nos saludaba hace dos días y no dudaba en “hacerte la pelota”, hoy pasará
por tu lado y no te mirará a la cara. Parece mentira que en plena época de las
nuevas tecnologías y de las redes sociales podamos estar más incomunicados que
nunca.
Ahora
bien, todo lo anterior, lo reflexiono, en cierto modo, por “obligación”. Porque
este libro no es de aquellos que me han causado una reflexión instantánea, de
aquellos que tienes que parar de leer para asimilar ciertos párrafos e incluso
filosofar lo que quieren decir estos. Las reflexiones anteriores en cierto modo
las estoy forzando para escribir una reseña, pero no afloraron de mí en el
instante en que las leía. Pienso que Saramago tuvo una gran idea con Ensayo sobre la ceguera, pero que su
lenguaje plagado de pedantería y cultismos innecesarios impide ver el mensaje
que esconde este libro. No es como títulos otros títulos los cuales me causaron
una gran impresión desde el primer momento, ya sea de índole política y social
como 1984 de George Orwell o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury; o filosófica, como La muerte de Iván Ilich o Demian de Lev Tolstói y Hermann Hesse,
respectivamente.
Y
no quiero terminar sin comentar el final. Pienso que Saramago se quedó completamente
en blanco. ¡Si, como los personajes de su libro! (definitivamente, no creo que
me pueda ganar la vida como humorista). Pone una solución digna de ser tildada
de mágica: la ceguera desaparece instantáneamente. Parece ser que al Premio
Nobel portugués no le convenía seguir escribiendo.
En
conclusión, pienso que es una obra sobrevalorada, pero no por ello deja de ser,
en cierto modo, un libro interesante por las similitudes que se pueden
encontrar con la sociedad actual. Quizás sea el único que piense esto y merezca
el infierno literario por criticar una de los supuestos textos imprescindibles
de la narrativa contemporánea, pero quizás lo que haga bonito el mundo (aunque
sea un poco) es que se pueda discutir acerca de cualquier cosa, siempre desde
el respeto.
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